Por Ren Yaoting
TESERO, Italia, 16 feb (Xinhua) — Con el sol resplandeciente sobre las pistas cubiertas de nieve, Nicolás Claveau-Laviolette permanece en la meta con una sonrisa de desahogo y euforia. Para el esquiador de fondo de 20 años, nacido en Venezuela, un país tropical sin estaciones de esquí ni tradición en deportes de invierno, completar sus carreras olímpicas era simplemente un sueño hecho realidad.
Claveau-Laviolette es el único participante venezolano en los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina y el sexto atleta del país que se clasifica para unos Juegos de Invierno. Es también el primer venezolano que compite en una prueba olímpica de esquí de fondo.
Competir como «delegación de un solo hombre», finalizó 88º y 98º en dos pruebas masculinas individuales de sprint celebradas en Tesero, le permitió hacer historia para Venezuela.
«Hace justo unas semanas, no estaba ni tan siquiera seguro de poder estar aquí», declaró a Xinhua. «Ahora he completado dos carreras olímpicas. Es increíble. Un sueño hecho realidad», exclamó.
DEL TRÓPICO A LOS CAMPOS DE NIEVE
Sobre el papel, la nacionalidad de Claveau-Laviolette desafía la lógica. Venezuela, situada sobre la costa caribe de Sudamérica, tiene un clima cálido todo el año y carece de instalaciones para practicar deportes de invierno.
Nacido en Lechería, estado de Anzoátegui, se mudó con su familia a Québec, Canadá, cuando era solo un niño. Su padre, ingeniero civil que había trabajado en Caracas, le animó a practicar esquí de fondo cuando tenía 10 años.
«Fue mi padre quien me metió en este deporte», recordó. Con doble nacionalidad, venezolana y canadiense, dijo que nunca tuvo ninguna crisis de identidad. «Quiero luchar por mi país, el lugar donde nací», afirmó.
Entrenar en Canadá le permitió ganar competitividad. Como miembro del equipo de esquí de fondo de la Universidad de Labal, fue acumulando puntos con constancia en eventos de la Federación Internacional de Esquí. El pasado noviembre, en una competición de la Copa del Mundo en Ruka, Finlandia, se aseguró casi 300 puntos de clasificación olímpica, suficientes para asegurar una posición histórica a Venezuela.
En ese momento, fue consciente de que no solo estaba compitiendo por marcas personales, sino abriendo una puerta a un país poco o nada familiarizado con la nieve.
UNA CARRERA CONTRARRELOJ POR EL PASAPORTE
Su viaje olímpico, sin embargo, casi se echa a perder por un problema inesperado: su pasaporte venezolano había caducado.
Según la normativa olímpica, los atletas deben viajar con pasaportes válidos. Pero, por limitaciones diplomáticas, los servicios consulares de Venezuela en Canadá no estaban plenamente operativos, haciendo que renovar el pasaporte ahí resultara imposible. Menos de dos semanas antes de los Juegos Olímpicos de Invierno, Claveau-Laviolette voló a Venezuela para renovar los documentos.
En una semana, completó todos los trámites, mientras participaba en actos para los medios y se reunía con funcionarios del Comité Olímpico Venezolano (COV). La presidenta del COV, María Soto, ayudó a acelerar el proceso.
«Fui tratado como un rey», reconoció. «Entonces, muchos venezolanos me escribieron, diciendo que estaban orgullosos y querían verme competir. Realmente me conmovió», expresó.
El pasaporte fue entregado a tiempo. Y, cuando se plantó en la línea olímpica de salida, no solo cargaba con sus aspiraciones propias como deportista, sino que encarnaba la ilusión de seguidores a miles de kilómetros de distancia.
COMPARECER FUE UNA VICTORIA
Desde los Juegos Olímpicos de Invierno de Nagano, en 1998, solo cinco venezolanos se habían clasificado para esta cita. Tras los Juegos de Sochi, en 2014, el país no tuvo representación en las dos ediciones siguientes.
Como único representante venezolano en Milán-Cortina, Claveau-Laviolette también portó la bandera de Venezuela en la ceremonia inaugural de los Juegos, enarbolando la tricolor amarilla, azul y roja durante aquella noche de invierno del norte de Italia.
Tras su carrera este jueves, bajo el resplandeciente sol de Tesero, Claveau-Laviolette habló con Xinhua en manga corta. Preguntado si tenía frío, quitó hierro a la cuestión, respondiendo: «No te preocupes, para nada tengo frío. El calor del sol me hace sentir de vuelta en Venezuela».
Para el esquiador de fondo venezolano, la verdadera medida del éxito reside más allá de las clasificaciones.
«Espero que, en cuatro años, Venezuela pueda tener al menos uno, quizás dos o tres atletas en los Juegos Olímpicos de Invierno», deseó. «Si mi participación sirve para hacer más sencillo ese camino, eso sería lo máximo», añadió.
Al contrario que muchos atletas profesionales con dedicación plena al deporte, Claveau-Laviolette sigue compaginando el esquí de fondo con estudios universitarios en ingeniería civil. Tras los juegos, regresará al campus para preparar los exámenes de medio término.
Con vistas al futuro, espera representar a Venezuela otra vez en los Campeonatos Nórdicos Mundiales de Esquí en Falun, Suecia, para seguir mejorando sus resultados.
Para una nación sin nieve, su trayectoria puede parecer improbable. Sin embargo, al grabar sus huellas sobre las pistas olímpicas, Claveau-Laviolette ha demostrado que, para algunos países, solamente estar presentes es ya una victoria.
