Más allá de los metros cuadrados construidos en naves e infraestructura, existe una relación directa y profunda entre los parques industriales y la calidad de vida de las regiones donde se establecen. En el México actual, marcado por una expansión industrial sostenida, esta relación adquiere relevancia
Los parques industriales son motores de inversión productiva y, al mismo tiempo, centros de dinamización económica local. De acuerdo con la Asociación Mexicana de Parques Industriales Privados (AMPIP), sus parques afiliados albergan a más de 4,000 empresas y generan alrededor de 3.7 millones de empleos formales en el país. Esta actividad productiva se traduce en ingresos, consumo local y mayor estabilidad económica para miles de familias.
El impacto en el empleo es uno de los efectos más tangibles. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) muestran que las regiones con mayor concentración de actividad manufacturera y logística registran tasas más altas de empleo formal y mejores niveles salariales promedio frente a aquellas con menor base industrial.
Más allá del empleo, el desarrollo industrial incide de forma directa en la infraestructura urbana y regional. Ciudades como Aguascalientes, donde la industria ha crecido de manera sostenida, destacan en indicadores de competitividad y bienestar. El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), en su Índice de Competitividad Urbana 2024, ubica a esta ciudad entre las mejor evaluadas del país, con una economía local respaldada por su base industrial y parques integrados al entorno urbano.
No obstante, el impacto positivo no es automático, ya que depende del diseño, la gestión y la integración de los parques industriales con su entorno. En Vesta, el desarrollo industrial es una oportunidad para transformar regiones, no solo para construir infraestructura. La calidad de vida se mide no solo por el número de empleos creados, sino por su sostenibilidad, el acceso a servicios, la convivencia armónica entre ciudad y zona productiva, y la mejora continua de las condiciones de vida de las comunidades.
Con este enfoque, la inversión es uno de los principios clave de la compañía, cuyos proyectos se estructuran en dos líneas de acción. La primera es educación STEAM, orientada a fomentar la innovación, el aprendizaje práctico y la aplicación del conocimiento en el mundo real. La segunda es emprendimiento social y productivo, desde se promueve la inclusión de género y el apoyo a grupos vulnerables mediante la creación y desarrollo de negocios con impacto social y ambiental positivo.
Para garantizar prácticas equitativas en los proyectos, Vesta se rige por la Política de Inversión Social, actualizada en 2024 incorporando la teoría de cambio. Como resultado, en 2024 se destinaron US$ 610,071 a iniciativas de responsabilidad social y ambiental, beneficiando a más de 4,600 personas en 8 estados de México. A través de 10 proyectos se impactaron positivamente a 51 comunidades y 78 escuelas.
Cuando el desarrollo productivo se concibe con una visión regional y humana, sus beneficios trascienden y se reflejan en el bienestar de las comunidades que forman parte del entorno de los parques industriales.

